Una de Gordos

Leo en la web que los gordos famosos son caricaturizados permanentemente por la prensa Británica, se ríen de ellos. Algunos protestan y dicen que es indignante la persecución pero no hay manera de que las televisiones, radios y revistas dejen de burlarse de la barriga y de los traseros enormes de algunos personajes famosos.
En el colmo del ensañamiento un nutricionista exige que los obesos paguen sus impuestos de acuerdo con su masa corporal. Y en Japón las empresas deben lograr que sus empleados obesos reduzcan su perímetro abdominal bajo amenazas de multa.

Hay una tendencia de fijarse demasiado en la salud del prójimo que a mi me resulta escandalosa, más aún si se realiza desde organismos públicos. Igual que no se multa a los paracaidistas que se tiran de un avión por puro placer, tampoco se debe tratar de salvar a los obesos de si mismos.
Dar consejos, avisar de que el colesterol es peligroso, sí, pero obligar al personal a dejar de comer torta de chocolate es inadmisible. A nadie le parece mal que un luchador de Sumo o un lanzador de piedras olímpico sea gordo, porque su obesidad ayuda a conseguir un fin, ganar la pelea o levantar la piedra, pero si alguien es gordo porque sí, porque le da la gana o porque no puede evitarlo, la sociedad se molesta, se siente obligada a corregir ese sobrepeso.

Tal vez los gordos sean perseguidos más por su carácter bonachón, ese eterno tópico sobre los gorditos, que por su aspecto. Hoy está de moda el gesto fruncido, estar de mal humor de talante competitivo..., los cuerpos fibrosos de quienes después de 12 horas en la oficina no tiene otra cosa que hacer que pasar 3 horas más en el gimnacio. No me extraña que luego estén de mal humor y con ganas de joder a quienes despues de trabajar, nos gusta comernos una mega-chuleta con cebollita, una ración extra de papas fritas y una o dos cervecitas frente al televisor, en libertad.