"El Buen Parásito"


(por Jonatán Guibert)

El Buen Parásito.-

Terco y mula…dos adjetivos que definían su personalidad, talvez se aferraba a esas dos palabras porque sentía debilidades humanas que no podía controlar…ejecutaba con la imprecisión de un cirujano borracho su imaginario mundo religioso he increíblemente fantaseaba con un liderazgo ejemplarizante sobre las ovejuelas descarriadas, poniendo su oscura vida pintada de blanco, como ejemplo.
No podía evitar que sus ojos tocaran un escote, o que se recrearan con disimulo en las redondas y voluptuosas caderas de las ovejitas que pastoreaba, se encendía en su ira cuando tenía que defender airadamente su doctrina y casi siempre respondía con proverbios y salmos memorizados usándolos como armas arrojadizas.
Le olía mal la boca y las axilas, con un intenso y maloliente tufillo entre chivo y dragón, y ese aroma corporal alcanzaba cuotas máximas de saturación odorífera cuando terminaba exhausto y sudoroso después de danzar, saltar, correr, aplaudir, arrodillarse y gritar emocionado para su Dios, cosa que no parecía importarle al acercarse a las inocentes palomitas, que creía impresionar con sus manifestaciones de fogosa espiritualidad, para pedirles su número de teléfono con la escusa de cadenas de oración telefónicas.
Masticaba con la boca abierta cuando lo invitaban a comer, y por lo general elevaba oraciones opulentas y altisonantes al agradecer por los alimentos, conjurando las Altísimas bendiciones y la lluvia gozosa de toda clase de dones y regalos imaginarios para el hogar del anfitrión. Solía dejar en el borde del vaso un rastro grasiento de saliva y dentro del líquido restos minúsculos de comida flotante. Siempre atacaba la carne olvidándose de regular su ansiedad con arroz, papas y ensalada, y la distancia que separaba su cabeza del plato, mientras se metía enormes trozos de carne a la boca, era de exactamente 15 centímetros, parecía que lo estuvieran persiguiendo o que de un momento a otro le quitarían el plato y se quedaría sin poder hartarse. Hasta tenía memorizados unos cuantos chistes blancos para tales ocasiones, que la gente festejaba y reía por cortesía, por que se los habían oído contar hasta el cansancio.
Predicaba la humildad y amenazaba con los infiernos a todo aquél que quisiera vengarse de su metiche ojo que veía carnalidad, vituperio y oscuro pecado en todo lo que él no participaba o no le comunicaban.
Envidiaba con venenosa obsesión secreta lo que los otros tenían, tanto material como inmaterial, muchas veces llegó a creer que cuando gritaba desde el púlpito las ideas locas que se le habían ocurrido, mal leyendo las escrituras sagradas, en lo más profundo de su alma, él creía que Dios le había inspirado y contado al oído su mensaje más especial para la raza humana, pues se sentía elevado y escogido para ser el portador y depositario del mensaje de Dios para los pobres pecadores de la iglesia y eso lo hacía sentir importante, pero una vez que se terminaba todo y las puertas del edificio se cerraban y cesaban los cánticos y sermones, volvía a ser simplemente EL, un número más del sistema, con una vida mediocre, y una mente escasa de contenidos, un ser egoísta, terco y mula que malvivía prendido como un parásito a la ubre y a la bolsa de la fe, pues intuía que en todas las religiones había uno como él, un incapaz para trabajar como lo hacen los demás, un traidor pues denunciaba o ponía trampas a todo aquél que amenace su forma de vida, y cobarde, porque nunca iniciaría un cambio radical en nada, simplemente continuaría con el método de vivir del rebaño, a costa de leer o repetir lo que decían los manuales de la liturgia que compraba en la librería.
Huía del compromiso , por que sabía que era un bueno para nada, nunca aprendió un oficio ni profesión y su educación y cultura eran deficientes, pero tenía miedo cumplir los 45 años y darse cuenta que para él no había un coro de Cupidos con alitas y arpas doradas cantando alrededor de un camino de rosas blancas que llevaban al altar.
La única esperanza que le quedaba era robarle a la vida el placer de una carne firme y ardiente a la cual aferrarse a escondidas, a espaldas de sus ovejas, en la intimidad de un hostal barato, con la joven prostituta de siempre que conocía su pasado, sus caprichos y gustos retorcidos. Esa era la única venganza que se podía permitir, robarle a la vida el placer de la carne firme…un placer que se evaporaba tan rápido como sus buenas intenciones y que era lo más parecido al cielo que había encontrado en este cochino mundo donde todo se pudre, empezando por la belleza, siguiendo con la vergüenza y acabando con la memoria.

3 Comentaron:

LESLIE dijo...

uyyy estas hablando del q me imagino?? jajajaj no mentira.... oye ya me puse al dia con tu blog, esta semana me he dado vacaciones de casi td incluyendo la compu a la cual entre muy poco, pero aki ya 'toy y q comienze el año jeje

Mr. J dijo...

bueeejj....verdad que te perdiste Leslie...Bienvenida al 2009 tenemos que reventarlo.
La historia no se refiere a nadie en particular, solo es una crítica a los que intentan vivir como parásitos a tiempo completo gracias a la Fe de otros. Y si has sido observadora estarás de acuerdo conmigo en que toda religión tiene su "Hecho el vivo" que predica la religión, enseña esa religión, pero nunca la cree totalmente, solo se sirve de ella.
Lo triste es que hay varios niveles de parásitos, pero de esos ya hablaremos otro día...
Un Saludo, QUE TENGAS UN FELIZ 2009.

LESLIE dijo...

Bn dj Jesus q x sus obras lo conoceremos, no mucha gente practica lo q profeza x eso es q c/vez la gente es mas reacia a la religion, otrs son "amadores de dinero mas bn q amadores de Dios" cuantos pastores no se han enriquecido con la incredulidad ajena.... pero buen....q hacer.