Un Día más de Vida

Un Día más de Vida(Por Jonatán Guibert)

Se arremangó la camisa y mientras observaba el macabro número de identificación B7328 tatuado en el antebrazo, apretó los ojos con fuerza mientras mordía el elástico que le hinchaba las venas y vació lentamente todo el contenido de la jeringa dentro de ellas. Justo en ese momento comenzó a correr un caballo a una velocidad increíble, bufando y sudando en cada zancada que daba, galopante y furioso, caliente y poderoso, lo podía sentir dentro de él, que se movía por su interior, por cada vena y vaso sanguíneo, mezclándose con todo, acariciándole el cerebro llevándolo al éxtasis y al cielo del olvido, anestesiándole los recuerdos y desapareciendo como por arte de magia, el presente. Sintió que unos brazos enormes de algodón lo levantaban a 3 centímetros del suelo y lo mantenían suspendido, meciéndolo para que no tocara la realidad.

Aliviado de sus recuerdos, se había construido una armadura anestésica que le obligaba a entrecerrar los ojos cuando el polvo de estrellas del dios Morpheus lo atontaba, y bajo estas circunstancias recién tomaba un baño caliente.

Era un sobreviviente, llegó a los 18 años a Auschwitz, al bajar del tren fue separado de Mamá Rebeca y Papá Abraham que se fueron hacia otro lado, directo a las cámaras de gas. Sus tres hermanas lograron pasar la tenebrosa selección pero al pesarlas no lograron rebasar el peso exigido y al considerarlas débiles para trabajar, siguieron los mismos pasos de papá y mamá.

Le tocó el peor campo de Auschwitz, Birkenau, dedicado al exterminio, y se presentó voluntario para limpiar letrinas pues creía que oliendo las fecas lograría espantar el otro hedor que lo torturaba, el omnipresente olor a carne humana quemada. A veces al pasar por fuera de las cocinas le tiraban una papa en la cabeza para humillarlo y eso para él tenía otro significado: “En Auschwitz una papa era un día más de vida”.

Se vivía al día, la muerte se paseaba constantemente entre ellos y vivir se trataba de saber esquivarla todo el tiempo.

Cuando los Rusos liberaron el campo, pesaba 38 kilos…Todavía a sus 84 años, algunas noches se despierta gritando.

Y todavía hoy, aunque luce una dulce sonrisa, es incapaz de ducharse con la puerta cerrada.

Explicarlo y contarlo es una ayuda para irse sacando ese veneno del alma y de sus recuerdos…pero toda sanación siempre tiene sus límites.

(Basado en el Libro “Un día más de Vida” de Martín Hazan

A la memoria de los Judíos que sufrieron y también a David Galante en estas fechas de asqueroso antisemitismo).