Nada es para siempre

Nada es para Siempre
(por: Jonatán Guibert)


"Y mirando el abismo pensó, que hermoso es el vacío de la nada cuando no hay nada ya que desear y solo queda la resignación y el olvido en la punta de un destino que nunca verá la luz."

Saltó con todas sus fuerzas, con la esperanza de terminar de una vez con toda esa agonía. Abajo en la calle desierta podía ver el rastro de la lluvia que abrillantaba todo lo que tocaba y los faroles solo eran el marco de luces que daba comienzo a su ópera de muerte donde él tenía el papel protagonista.
Mientras bajaba a encontrarse cara a cara con el asfalto, recordó que había dejado la plancha enchufada y que con ese olvido ocasionaría el enfado de su esposa, pero disfrutaba de ese pensamiento, ya que una vez le hubiesen buscado por toda la casa le encontrarían desfigurado calle abajo convertido en una gran hamburguesa de carne sanguinolenta y el sentimiento de enojo daría paso a una terrible angustia y vacío. ¿lo extrañarían?
Descendía sin control e iba pensando en la ultima vez que besó a su madre pero no lograba recordar, el amor y las caricias no formaban parte de sus recuerdos paternos pues había sufrido a un padre ausente obsesionado con el trabajo y a una madre distante y calculadora.
Pensó en Dios en como sería pasar por la puerta de la materia y libre al fin unirse al mundo de los espíritus. No era muy religioso, consideraba a esos charlatanes unos ignorantes. No podía imaginar que dentro de esas imágenes ante las cuales se arrodillaba a regañadientes pudiera existir algo, tenía la certeza de que esos ídolos no estaban insuflados por ningún espíritu. Esa figuras eran solo barro o yeso ante las cuales, los hombres que no querían pensar por si mismos, doblaban estúpidamente la cerviz convencidos de que las desgracias y dones llegaban por igual desde esas imágenes hechas por manos humanas. Lo comprobó una vez cuando se quedó encerrado en una pequeña iglesia de su pueblo y por un acto que nunca comprendió destrozó todas las imágenes que encontró estrellándolas contra el suelo y pisoteándolas, luego se sentó a esperar las consecuencias de su acción. No había nada en esas figuras, si fueran dioses habrían desencadenado su furia contra él, le hubiesen castigado. No sucedió nada. Ahora era él quien viajaba veloz a estrellarse contra el suelo, podía sentir el viento en la cara que le traía olores del barrio, esos panes de canela que revivían recuerdos de su niñez.
Fue feliz, a su manera y de una forma extravagante, pero podía decirse que fue feliz, cuando descubrió a los 14 años debajo del vestido de su vecina la gran diferencia que habría de cambiar su vida. Dios era en esencia la naturaleza divina, masculina y femenina todo en uno y era por eso que buscaba constantemente experimentar lo divino. Había disfrutado de esos placeres blancos y oscuros pero placeres humanos al fin y no iba a pedir perdón a estas alturas por comportarse como un ser humano, pues estaba seguro que Dios no era un sádico morboso que creó seres imperfectos para después castigarlos por sus imperfecciones, estas imperfecciones eran parte de su voluntad, por lo tanto, humanos por la voluntad de Dios.
Ya quedaban pocos metros para terminar con esta agonía, pero no saltó por desesperación no precipitó su muerte por no encontrar una salida, saltó porque agonizaba incómodo dentro de su mundo, cuando comprendió que la gran mentira jamás contada era que no había nada, que no existía nada en todo este planeta tierra que signifique algo, que tenga algún valor, que se pueda poseer para siempre o que dure para siempre. No lo había, descubrió que su función en el universo era solo engendrar y criar hijos para preservar la especie y que esa era la única manera de encontrar una razón real para vivir, de sentirse realizado, que no existía ni el bien ni el mal, pues el mal es la ausencia del bien y viceversa por lo tanto inexistente en un plano material y espiritual pues no había forma objetiva y palpable de saber exactamente a qué llamamos bueno o malo pues lo que es bueno para uno puede ser malo para otro y al final es la ley la que decide esta cuestión pero aún así no es jamás completamente justa.
Descubrió que lo que es bueno o malo lo deciden los sentimientos, esa forma irracional de expresión que tienen a veces los seres humanos para decidir. Pero como todo sentimiento era pasajero y adaptable a cualquier situación, época y sociedad.
Con el despertar de su discernimiento se dio cuenta de que nacía su responsabilidad y esta le imponía deberes que no estaba dispuesto a ejecutar, prefería quedarse como el bruto macho humano que obedecía a los impulsos de su naturaleza sin la necesidad de reflexionar sobre sus actos. Y por eso saltó al vacío y se estrelló contra el suelo con un escalofriante sonido apagado del hueso contra el pavimento y luego el silencio rotundo en medio de un charco de sangre.
A su alrededor la vida continuaría ajena a todo, en una gran ciudad donde los seres humanos rutinarios viven ajenos a la verdad en un mundo de fantasía creado por ellos mismos y poco a poco han olvidado el objetivo de sus vidas, para algunos es su carrera, para otros ganar dinero, para algunos tener fama, gloria o poder, para otros el saber y conocer.
Necios...nada es para siempre.

1 Comentaron:

LESLIE dijo...

'tas inspirado.... nada es para siempre en este mundo,
"En este mundo, hasta el amor es relativo", dice el dicho.

Y si una estatua de yeso hecha por manos humanas no me va a "decir" como tengo q vivir mi vida cuando ella misma no tiene una.
Nomas q tonto en matarse.