"El Santón"


El Santón
(Por Jonatan Guibert)

Extrovertido y ojeroso, el tipo de persona perfecta que te llevarías a una juerga.
Había aprendido a vivir detrás de una máscara que representaba por partes iguales 3 cosas: a un Bob Marley trasnochado, a un marihuanero Brasilero y a un adolescente Hip Hopero que ya pasaba de los treinta y tantos.
Le achacaba a Dios un milagro realizado en su propia vida cuando solo se trataba de un simple cambio de actitud tan falso y tan humano que dejaba un abismo de duda sobre su idealización romántica de la Deidad. Era la víctima perfecta de una simbiosis entre su propio ego y el síndrome de Peter Pan.
Había logrado descubrir el camino de la egolatría sutíl, ese tipo de obras sociales embadurnadas de sacrificio hacia el prójimo que traen consigo alabanzas y respeto del público, perdonándole y minimizando sus faltas, sus adicciones y sus tropiezos al igual que a las grandes estrellas de Hollywood, o los Jefes de los Carteles de la Droga o los Políticos con carisma pero corruptos y en general ha toda esa clase de personas que a pesar de todo lo malos que son, hacen el bien al necesitado, ganándose el favor de la plebe, una especie de Robin Hood.
Vivía de la música y para la música, espíritu inquieto, sabedor que debajo de todo pastoreo espiritual se esconde el tesoro de una vida ajena a las mortales necesidades del cuerpo, peliaguda razón sacada de contexto por las nuevas generaciones de jóvenes irreflexivos y anhelantes de liderazgo a cualquier precio con ministerios eclesiales entre sus manos.
Arengaba a las multitudes con sus brazos huesudos en alto con un fervor casi hitleriano cuando entre canción y canción decidía sacar su arsenal religioso, por que en medio del frenesí juvenil lograba tocar fibras que en una situación normal jamás llegaría siquiera a rosar, podía cambiar el mundo, desde esa perspectiva se sentía poderoso e invulnerable, literalmente a la altura de los profetas bíblicos. La música lo lograba, nadie oía sus letras en medio de la estridencia del recinto, nadie se daba cuenta de que ese cuerpo albergaba un corazón traidor de su propio mensaje, aunque sonaba y parecía ser de Dios, no lo era…era solo un desesperado intento de seguir siendo el pastor musical de esos pobres niños obsesivos y sin identidad que saltaban y canturreaban sus canciones, que le perseguían para tomarse una foto junto a él, para que les firme el CD o simplemente para estrecharle la mano.
La euforia al igual que la felicidad es también una emoción y como toda emoción, es pasajera.
Tarde o temprano la vida nos enfrenta y nos pone a prueba, y es en ese momento cuando las emociones que han controlado tu vida no sirven para nada y el hombre se convierte en un decadente recuerdo de “esos” recuerdos.
¿Porqué la gente que no admite consejos siempre intenta darlos?.

1 Comentaron:

LESLIE dijo...

verdad no? es facil dar consejos pero no tanto recibirlos.....