La Palabra

Por Jonatán Guibert

Navegando por los vericuetos de la Red encuentro la noticia de que el Todo-Poderoso Google intenta eliminar las barreras del lenguaje para poder usar internet.

Me da risa, tal vez no esa risa sarcástica que suelo accionar cuando encuentro ese raro tipo de humor inteligente que me encanta, llamado humor irónico, y que excita la mente y que obliga a pensar una fracción de segundo mas en comparación con el resto del humor común.

Pero sonrío con ganas, con la boca irónica y de medio lado, como cuando se descubre una solución que antes no se veía en medio de un problema matemático y la respuesta era obvia.

Los libros sagrados nos cuentan el Mito de la Torre de Babel, una historia real o ficticia no lo sabemos, pero que a servido de ayuda para dividir a la humanidad, creando la impresión de que cuando los hombres se unen pacíficamente en un objetivo común terminan por olvidarse de dar su ofrenda o diezmo al dios de turno.

Hay zánganos que viven de las financiaciones estatales o de las donaciones de las empresas que usan a las ONG's para desgravar impuestos y las ONG's para seguir convirtiendo en mendigos sin iniciativa a los países sub-desarrollados, y que han logrado agregar lenguas moribundas a softwares de uso masivo para poder de alguna manera acercar este nuevo lenguaje virtual a estas minorías.

La leyenda de La Torre de Babel es tal vez la única forma religiosa para entender y explicar la gran brecha lingüística que existe entre seres humanos, pero, ¿Tan Importante es el idioma o La Palabra para poder entendernos en un mundo globalizado?

El idioma Ingles se convirtió en un idioma internacional por que es muy fácil de aprender, no así el cirílico o el español que son idiomas muy difíciles de aprender.

Por supuesto que la palabra es lo más importante que tenemos, todo idioma constituye el fiel reflejo de un tipo de pensamiento, pero no un pensamiento exteriorizado sino que la Palabra es la Horma o Molde del pensamiento.

Los hombres solo pueden pensar con palabras las cuales intervienen en la formación de sus ideas.

La palabra no solo es un vaso o copa donde se deposita una idea preexistente, la palabra es el cuerpo nacido junto al alma y consustancial con ella, pues somos conscientes de nosotros mismos cuando somos capaces de explicarnos a nosotros mismos nuestra propia identidad.

“En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios.” (San Juan 1:1)

Entre los seres humanos no existen ideas puras, ideas no verbalizadas, así como no existen espíritus puros, espíritus no encarnados. Pensamos con palabras, pensamos desde una estructura lingüística determinada, hablamos y pensamos con palabras porque existimos y al final solo nos queda el Sujeto, el Verbo y el Predicado.

Irónicamente la palabra es también un muro que impide expresar aquello que no podemos expresar con palabras, los verdaderos matices de la realidad o describir con objetividad dos sentimientos parecidos que no son iguales y que es capaz de enmarañarse hasta llegar al infinito o a la contradicción. Lo que resulta en otra pregunta; ¿el lenguaje sirve para manifestar la verdad o para enmascararla? Pero eso en este momento supondría un juicio moral totalmente inoportuno.

Mark Twain reflexionó una vez y dijo: "El hombre es el único ser que bebe sin tener sed, que come sin tener hambre y que habla sin tener nada que decir", pero, ¿para qué sirve la palabra?.

Si pienso rápido puedo dar una respuesta provisional: “para evitar a los oídos humanos el horror del vacío”, porque hablando olvidamos la soledad y la incomunicación en la que vivimos.

El amor es conversación, aunque no se si esta afirmación sea un elogio de la conversación o un sarcasmo del amor. Se me ocurre otra respuesta y talvez esta sea la mas simple y obvia, aunque también la más patética, el lenguaje sirve para que el hombre ejercite sus órganos de fonación.

Sea como sea, la palabra es eso que todo ser humano entiende como realidad y que usa para describirla, de su mundo y de sí mismo, más allá solo está aquello que aún no se ha podido describir con palabras, lo desconocido, lo que aún no hemos podido imaginar o descubrir, eso que está más allá del espacio sideral, que esta más abajo del inconsciente o por encima de lo que llamamos Dios.