La Esperanza es el Camino


Veo un camino que se prolonga y que después se ramifica en varios caminos. Veo un bosque de eucaliptos al fondo y dos o tres nubes encima. Veo un hombre en medio del camino, un hombre caminando.
Esta es tal vez la descripción más exacta del hombre: el ser humano es un ser en camino.
El camino constituye uno de esos poco símbolos primordiales que forman parte de todas las civilizaciones, un símbolo conocido ya en los pueblos más arcaicos y vigentes también hoy en las capas más hondas del imaginario colectivo. Define al hombre como un ser en constante proceso. Decir Ser Pensante significa que su pensamiento es una marcha constante independiente de que sea verdadero o falso y su marcha sea recta, quebrada o circular. El hombre es una caña que piensa y que anda. Esta naturaleza suya puede verse en todas y cada una de sus actividades, no sólo en su pensamiento. Recientemente me he comprado un diccionario etimológico porque me parece muy interesante la historia de las palabras, tan vinculada a la historia de los hablantes y he comprobado que son muchas las etimologías que acreditan esa condición de ambulante que tiene el ser humano: curso, recurso y discurso, método, éxito, progreso y congreso, digresión y transgresión, coito, preterición, reiteración, viabilidad, etc, etc. Una raíz común, el camino. Una metáfora que impregna por completo la vida humana.
Decir que el hombre está en camino significa que esta proyectado hacia adelante, que vive orientado hacia el futuro mas que al presente. Por el presente solo se limita a transitar. Sus ocupaciones son casi siempre preocupaciones. Su mayor sufrimiento es la previsión de posibles sufrimientos, el temor a sufrir mañana. ¿Y su mayor felicidad? La esperanza de gozar mañana.
Lo que define al caminante es su proyección hacia una meta, es su esperanza del futuro.
La esperanza no representa sólo un estímulo en la vida humana, es su tejido, su estructura misma. El hombre espera siempre. No puede dejar de esperar. Y cuando es incapaz de esperar, es incapaz de vivir sin esperanza. Desesperar significaría morir. Si a un ser vivo que pretende escapar se le impide la salida una y otra vez, acaba desistiendo, se rinde y muere: no muere por agotamiento, muere mucho antes, por desesperación. La forma usual de decirlo es muy expresiva: ceder a la desesperación, caer en la desesperación.
El Hombre necesita esperar siempre. Por eso la esperanza sobrepasa continuamente sus objetivos inmediatos. Y por eso mismo ninguna satisfacción podrá colmar tal esperanza, pues lo que el hombre necesita de verdad, más que obtener lo que espera, es poder seguir esperando.
“La Esperanza, esa gran prostituta”.
Es bueno apuntar que la esperanza no es un medio para lograr algún fin, es un fin en sí misma.
Recuerdo aquel título famoso de Tennesee Williams, “Un Tranvía llamado Deseo”. El tranvía se llamaba así porque este era el nombre de su estación terminal, el nombre de un barrio periférico de Nueva Orleans. Un drama que es toda una reflexión sobre la condición humana.
El Deseo es su camino y su meta. Un deseo lleva a otro deseo, una esperanza suscita la siguiente.
Somos felices intentando alcanzar la zanahoria que cuelga del palo en frente de nuestras narices, ese futuro que está siempre presente pero a la vez siempre inaccesible.

Veo un camino. Veo al fondo un bosque de eucaliptos. Veo un hombre que camina y que, cuando haya dejado atrás ese bosque, seguirá caminando.

Conozco jugadores que llevan años apostando al mismo número, y esposas y maridos que renovaron otra vez su confianza en la persona amada, mil veces infiel, y moribundos que hacen planes, y presos que proyectan por enésima vez su fuga, y escépticos que siguen escribiendo libros, y pecadores que cada mes formulan un propósito de enmienda.

Aunque podría haber un aspecto negativo de la esperanza, si la consideramos como una cobarde evasión, como una deserción: los hombres se dedican a pensar en el futuro para huir del presente.
Somos seres en camino, es cierto, pero lo único que nos importa es abandonar el lugar donde nos encontramos, ¿hacia donde ir?, es indiferente, la cosa es caminar. Hay quién se va a vivir a Chile para huir de Santa Cruz, y quien ensaya un nuevo amor sólo para olvidar un amor malogrado, y quien empieza a estudiar pintura sólo para dejar de estudiar dibujo. La conquista del espacio sería nada más que una huida de la Tierra. El descubrimiento de América habría sido el resultado de otra huida, el objetivo ocasional y fortuito de quienes sólo pretendían abandonar el viejo mundo.
¿Somos individuos impulsores del progreso o sólo desertores? Los hombres somos complicados.

También en el plano religioso vivir es caminar. Por eso los pecados se llaman caídas o recaídas. Por eso la vida cristiana se conoce como la senda, los vicios como descarríos, la tibieza como pendiente peligrosa, la conversión como un cambio de rumbo. La metáfora del camino serviría para resaltar el elemento activo de la esperanza. Caminar no es permanecer a la espera, no es quedarse quieto en una sala de espera aguardando al tren. Esperanza significa mucho más que espera. Exige ponerse de pie y empezar a caminar y seguir caminando sin desmayo. A menudo enfrentarse a un huracán y nadar contra la corriente, vencer esa maldita tendencia a la pasividad o a la involución, oponerse a la ley de la gravedad. En la desesperación se cae, la esperanza es cuesta arriba.

Me admiro de nosotros mismos, seres humanos capaces de esperar, seres frágiles a medio terminar, hechos de arcilla y esperanza que lo complicamos todo.
Dentro de la tradición Judeo-Cristiana el camino espiritual del hombre está representado y debidamente dramatizado y simbolizado en el Éxodo. La palabra significó originalmente aquella travesía de los hebreos por el desierto, bajo la guía de Moisés, desde Egipto hasta la Tierra Prometida. Si vemos en el mapa es un trayecto mas bien corto. Un Trayecto que pudieron hacer en dos semanas pero tardaron 40 años.
He aquí un símbolo muy adecuado para representar ese camino tan enredado que los hombres acostumbran a recorrer para llegar a Dios. Un camino cuajado de dificultades y espejismos, lleno de desvíos, senderos que llevan otra vez a las regiones del pecado y otros que conducen derechamente a caminos circulares donde en silencio como la mula que muele atada a un molino dan vueltas en círculos eternamente. Camino, sobre todo, intrincado y enmarañado, laberínticos, con mil rodeos inútiles, lleno de denominaciones, ritos y tradiciones. El Éxodo es el viaje humano más complicado que cabe imaginar, porque los que lo realizaron eran unos ignorantes de todo y en todo, como el hombre que es el único ser que sabe, que nada sabe. El Éxodo es la distancia más larga entre dos puntos. Es como pretender ir de México a Estados Unidos, pero pasando por China.
Desde la increencia a la fe pasando por el raciocinio. Desde el pecado a la contrición pasando por la atrición. Desde el desamor al amor pasando por el temor.

1 Comentaron:

Anónimo dijo...

¿A qué lugar pertenece la imagen del inicio? Es increíble.