La Libertad




Por Jonatán Guibert.

Cuando me enfrento a la Libertad, lo hago desde el punto de vista de un insecto que alelado vuela hacia esa luz hermosa e hipnotizante que a enamorado a millones de personas, quizá sea esta palabra la que defina en un alto porcentaje la historia del libre pensamiento, pero para que podamos disfrutarla como librepensadores a necesitado ser discreta o secreta, condicionada por los cambios políticos o religiosos del momento y esto me genera inevitablemente una sensación de contradicción.

Si observamos la historia en términos generales, curiosamente notamos que en ninguna otra época ha sido tan celebrada la libertad humana y a la vez nunca como ahora se había puesto de manifiesto de modo tan explícito.

Observo a mi alrededor a esta sociedad en la que me desenvuelvo, a cada uno de los que conozco, a cada situación a la que me he enfrentado solo, con ellos o contra ellos y para facilitarme a mi mismo este trabajo, extraigo mis humildes utensilios mentales y me obligo a observarme a mi mismo con los ojos de un extraño y pongo al hombre (yo mismo) bajo la lupa y le enfrento a mi severa crítica que de acuerdo a mi manía de observarlo todo a resultado y le juzgo con libertad de acuerdo a sus actos libres cuando él cree que es libre y descubro que a mi parecer no tiene nada de libre, ni siquiera cuando cree que ejerce lo que los textos sagrados llaman libre albedrío. Es entonces que me asaltan un montón de preguntas que no soy capaz de recordar y cojo al vuelo un puñado de ellas ¿En qué consiste realmente la Libertad?, ¿a qué se reduce la Libertad?, ¿La libertad es total, nula, omnímoda y engañosa todo a partes iguales? ¿Cuántas clases de Libertad existen? O simplemente la libertad es otro acto engañoso de vanidad que a imaginado poseer el hombre, un artículo de lujo carísimo solo al alcance de aquellos que están por encima de las leyes humanas y que solo algunos conocen y la mayoría solo intuye de su existencia.

El hombre es un prisionero y su prisión es nada menos que su propia situación. Amarrado a sus pasiones, arrastrado al vaivén de sus desequilibrios nerviosos, presa de terrores nocturnos, estático cuando duda o se queda perplejo. El hombre está atado a su emotividad inestable, a esa tendencia a asentir o quizá a contradecir, victima de un complejo de inferioridad o de una obsesión de independencia, victima del miedo, esclavo de los respetos humanos: o no se atreve a hacer algo porque está mal visto o se siente obligado a hacerlo porque hay que demostrar atrevimiento.

¿Dónde está la libertad del hombre? Porque ordinariamente tomamos nuestras decisiones en momentos de euforia o de terquedad. Y solemos rectificar bajo los efectos del cansancio, de la decepción o de la incertidumbre. ¿Con qué grado de Libertad entonces el hombre decide y rectifica?... Como verán mi intención al reflexionar sobre la Libertad no tiene el objetivo de llegar a un fin, sino de provocar un debate, porque creo que la Libertad no es un fin en si misma sino un medio, ya que el fin y a la vez el problema es: la elección.

Pero no me iré por las ramas, porque a los seres humanos nos importa el punto de vista, en realidad nuestro propio punto de vista y generalmente nos preguntamos ¿existe o no existe la libertad? Aunque llegando a ambas respuestas solo nos quedarían, en mi opinión, dos posibilidades reales: creer que ella lo puede todo o creer que no puede nada, lo digo porque a cada jugador nos ha tocado unas cartas y con ellas debemos jugar. Antes de usar este ejemplo de libertad debí imaginar primeramente el tipo de juego, entonces pensé que no es el ajedrez, porque no depende de nosotros, tampoco serían los dados donde en la decisión yo no tendría ni voz ni voto, pero en la libertad estoy seguro que juego al póker porque tengo cada vez un cierto número de opciones.

La libertad, por supuesto, es una ventaja frente a la predeterminación, aunque llegado a este momento no sabría decir si es algo positivo o se trata de un defecto, ya que generalmente elegimos entre lo bueno y lo menos bueno y a eso le llamamos libertad, simplemente porque no poseemos el poder de la clarividencia y nunca tenemos absolutamente toda la información suficiente sobre la materia sometida a elección, quizá a eso se refieren los textos sagrados cuando presentan, entre los atributos de la deidad, la omnisciencia…por lo tanto inmediatamente hago este rudimentario ejercicio de lógica, si Dios es omnisciente entonces carece de libertad, ya que su sabiduría descartaría de modo automático todas las opciones desacertadas o menos acertadas. En este sentido, por lo tanto, ni es libre, ni puede desear serlo. El hombre en cambio no posee la omnisciencia, por lo tanto puede ser libre y ésta libertad es a la vez un atenuante y su exculpación.

Mi conclusión de momento es que el hombre es libre porque es capaz de elegir, pero sigue y seguirá siendo libre porque NO es capaz de hacer una elección definitiva. Somos seres sumergidos en el tiempo y nuestra libertad está condicionada por el tiempo, apta tan solo para elegir opciones incompletas, provisionales y sucesivas. Decido hoy y mañana rectifico, quizá alguno dirá que el hombre actúa impunemente. Eso es…creemos en la libertad porque somos hombres y eso nos permite distraernos, aturdirnos, no pensar en aquello que preferimos ignorar, apartar los ojos de aquello que no queremos ver. Como en la grabación de una película que podemos repetir o cambiar una escena o el guion cuando queramos. A diferencia del ojo de Dios que todo lo ve, nuestros ojos tienen parpados.
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*Libertad